Te cuido

Fue hace muchos años en Dominical, pueblo de pocas familias, muchas olas y demasiado ron.

A metros del agua había una feria de artesanos y como tenía tiempo de sobra, solía pasar a mirar sus trabajos. Una tarde me llama uno de los artesanos y me dice que me va a dar una piedra porque al parecer yo andaba con la energía un tanto gastada. En mi completo desconocimiento de nudos le dije que se me iba a salir a la primera metida al agua y, más preocupante aún, que me iba a sacar los dientes al primer revolcón de olas. Negó rotundamente ambos supuesto y me colgó la piedra del cuello sin demasiado lugar a discusión.

Las función primordial de la piedra eran protegerme de lo que fuera que me estuviera consumiendo la energía por aquel entonces. Sin entrar demasiado en detalles, digamos que andaba juntando los pedazos de mi propio ser, luego de una de esas relaciones turbulentas que consume más de lo que deja.

La piedra nunca la perdí, el hilo jamás se cortó y anduve de acá para allá con mi piedra defensora de energía que tengo que reconocer que no estaba para nada mal después de algunos meses en el Caribe.

Casi dos años después, conocí a una mujer con la que mantuve una relación hermosa por algún tiempo. Yo vivía en Buenos Aires y ella no, así que andaba muy viajero y muy extrañándola en todos lados. En una de mis breves estadías en Buenos Aires, frente al espejo del baño, sentí que el collar finalmente se cortó y la piedra calló al piso y literalmente estalló en millones de pedacitos. Se hizo arena. Inmediatamente me acordé de la finalidad de todo aquello y confieso que sentí algo de temor al saberme nuevamente atacable.

Cuando se lo conté a ella, me miró como si nada fuera tan claro en este mundo y me dijo: ya no la necesitás, ahora te cuido yo. Lo dijo como se dicen las cosas que hay que decir, pero yo decidí que por eso, valía la pena enamorarse.

Cuando la relación terminó y dejé de tener custodia energética, tuve la excelente idea, sin tener idea, de mudarme a metros de la causa del aparente decremento inicial de mi energía. Creer o reventar, como siempre.

Hace unos días vi publicadas unas fotos que contaban historias.

Me llamó la atención la historia: «la loba parece esconderse debajo del lobo. Ella finge estar asustada, pero en realidad está cubriendo la garganta de su pareja».

Y así andamos nosotros, distraídos por el mundo, ladrando a todo lo que se mueve, tranquilos, seguros, porque ellas nos cuidan.