De noche y en la Tierra

«Hijo querido:

Muchas veces, el conocer las causas del sufrimiento humano es relativamente sencillo; lo difícil es poder ayudar a mitigarlo.

He ahí el ‘Gran Desafío’.

Tu viejo

15/4/02″

Dedicatoria de mi viejo en el libro «Las venas abiertas de América Latina», de Eduardo Galeano.


Fue hace muchos años. Todavía recuerdo la tristeza en esas manos que sangraban contra la piedra. La piedra también sangraba. Un poco por destruir esas manos que le arrancaban lo que era de ella, y mucho porque todo era muy injusto.

En Potosí, Bolivia, el mundo tiene otras reglas. La dignidad otro color. Nosotros éramos muy jóvenes, tal vez habíamos sufrido poco. El pueblo entero estaba gobernado por un silencio imposible. Nada tenía sentido. No lo tiene.

El orgullo de los mineros volvía absurdo cualquier anhelo de progreso, cualquier ambición de tenerlo todo, por más pequeño que fuera ese todo. No había rincón de nuestras vidas que no hubiera que revisar.

No había palabra que consuele, pero aprendimos varias cosas:

  • Toda injusticia es injusta, por muy lejana, por muy absurda.
  • Ningún cambio comienza por los que oprimen.
  • No siempre la opción de cambio es visible.

Hubo mucha mirada muerta después de esas dos horas dentro de las minas. Tanta tristeza silenciada, tanta esperanza que dejó de ser. Todavía recuerdo la oscuridad de esa tierra que abrigaba de calor y mataba de frío.

Nada justifica el sufrimiento humano y nunca está mal desear utopías.


Ventana sobre la utopía

Ella está en el horizonte.

Yo me acerco dos pasos y ella se aleja dos pasos.

Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá.

Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré.

¿Para qué sirve la utopía?

Para eso sirve, para caminar.

— Eduardo Galeano