Las historias en los tapices de Héctor Cruz

En casa había dos tapices, uno en el cuarto de mis padres, otro en el comedor. Crecí mirando esos paisajes, imaginando historias. Sabía que se hacían a mano y que lo había firmado un tal Cruz. Con los años me contaron la historia de a pedacitos. Cruz era Héctor Cruz y efectivamente hacía tapices, entre otras maravillas.

Mis padres los compraron allá por los años 80 en un viaje al norte donde lo vieron a Cruz enseñando su arte a un grupo de chicos. Después supe que Cruz estaba en Amaicha del Valle, en la Provincia de Tucumán y hace unos años pasé por la puerta de su museo, pero no entré.

Meses atrás tuve la necesidad de poner mi casa en orden, por dentro y por fuera y por algún motivo dije que quería un tapiz de Cruz. Porque crecí mirando sus obras y porque me generan una paz que no termino de entender.

Amaicha del Valle

Cuando empecé a planificar el viaje al norte por la Ruta 40, Amaicha del Valle era una parada obligada porque tenía que conocer el museo y elegir el tapiz que iba a permanecer colgado por años en alguna de las paredes de mi casa.

Héctor Cruz es hoy uno de los artistas más reconocidos de Latinoamérica, ya no hace tapices, pero pinta que da miedo y tiene una obra que supera cualquier cosa imaginable. Hizo su propio museo, entre otras decenas de esculturas, monumentos y vaya uno a saber qué más.

Cuando llegué a Amaicha, busqué hospedaje y encontré uno medio alejado pero que tenía buenos comentarios. Llamé por teléfono y me atendió Marta, la dueña. Me dijo que tenía lugar y fui directo. Hacía tiempo que no me cruzaba con alguien tan dulce y amable.

Preparé mate y la encontré leyendo un libro que me habían regalado hacía tiempo y que para mí fue muy importante: La sombra del Viento, de Carlos Ruíz Zafón. Hablamos un poco y le comenté que había venido a conocer el museo de Cruz y que quería comprar un tapíz porque en mi casa siempre hubo alguna obra suya. Soy amiga del Indio, me dijo.

Posada «La Aventura»

Héctor Cruz es el Indio, amigo de Marta. La ayudó a hacer su casa donde ahora recibe gente con un amor que dan ganas de quedarse a vivir. La posada se llama «La aventura» y es un lugar mágico.

Cruz no sólo era amigo de Marta, también vivía en Amaicha, a 400 metros de su casa. Le pregunté si me lo podía presentar y sin dudarlo dijo que sí, que ese mismo día hablaba con Carmen, su compañera durante 40 años, y al día siguiente por la mañana lo fuimos a ver.

No estaba, pero estaba Carmen que también tiene una dulzura que no tiene explicación. Pasé a visitar el museo, pero las salas de pintura y tapices estaban cerradas así que me quedé hablando con ella y elegí un tapiz que apenas lo ví, supe que me acompañaría por el resto de mi vida.

Al día siguiente a la mañana fui de nuevo al museo y ahí estaba Cruz, sentado en silencio mirando la gente pasar. Vení, dijo, sentate. Le conté la historia de los tapices de mi casa y me dijo, vamos a caminar.

Caminar con Héctor Cruz

Durante más de una hora recorrimos el museo hablando de todo lo que se me ocurrió preguntarle. Me mostró los cuadros, los tapices, el lugar donde trabaja y me explicó con frases tan simples lo que debería ser el arte, el por qué de su obra, algo de su historia, mucho de espiritualidad, casi todo de la risa y el vino.

Todo eso lo hizo con una humildad que yo no terminaba de comprender, con una serenidad que daban ganas de abrazarlo y con una simpleza que te dejaba sin preguntas.

Le pregunté si lo podía invitar a cenar y me dijo que le encantaban las empanadas de Marta. Esa tarde fui a Tafí del Valle para recorrer la ruta en moto y no podía parar de pensar en las cosas que había dicho y en que la vida te cruza con personas maravillosas cuando uno menos se lo espera.

Cenamos, contó sus comienzos, tomamos mucho vino, nos abrazamos y nos sacamos algunas fotos. De toda esta locura nacieron las siguientes historias que voy a ir publicando en los próximos días:

  1. Los sueños de Cruz
  2. Héctor Cruz, el artista y la obra
  3. La risa y la vida
  4. Cruz y el comunismo del vino
  5. Teología de Cruz
  6. Cruz y las universidades del mundo
  7. Cruz y la crítica del arte
  8. Las enseñanzas de Cruz

Los días en casa de Marta fueron una experiencia hermosa, por ella, por su familia, por la sinceridad y el amor que le ponen a cada cosa que hacen. Hay personas que uno conoce hace mucho tiempo, aunque no las haya visto antes.


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