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Cruz y las universidades del mundo

Cruz aprendió lo que sabe caminando la vida. Los sueños que soñó mientras dormía, son ahora las obras que explican el pasado. Supo de los colores cuando miró las montañas que también le dijeron del poder del silencio. De los ríos sacó la idea de disfrutar sin preguntar y de aceptar sin juzgar.

No puede explicar cómo sabe lo que sabe y tampoco lo necesita. Cuando enseña, lo hace desde el amor que él mismo siente por las cosas que crea. No se me ocurre mejor forma de enseñar, si es que acaso existe una.

En las muestras de arte, donde todo es un montón de cosas menos arte, Cruz se escondía de las preguntas que nada tienen que ver con nada de lo que Cruz representa.

¿Maestro, quién fue su maestro? ¿Maestro, qué técnica utilizaba en sus primeros trabajos? ¿Maestro, cómo perfeccionó su técnica a través de los años? ¿Maestro, qué opina sobre el conflicto armado en Medio Oriente?

«Sebastián, uno tiene que ir a esos lugares porque también hay que vender las obras que uno hace, pero si supieran que yo pinto porque no sé decir de otra forma, no preguntarían las cosas que preguntan».

«A veces me preguntaban a qué universidad había ido y yo les daba nombres de ríos o montañas. Total, nadie que hace esas preguntas está buscando una respuesta.»

Yo que apenas puedo decir lo que él me dijo, pensaba la cantidad de veces que habré preguntado por preguntar, sabiendo que ninguna respuesta me iba a dar la paz que yo necesitaba. A veces, el tiempo responde las preguntas que no hacemos por miedo. A veces esperar en silencio dice más que preguntar lo que el otro no sabe. Y muchas veces, preguntamos lo que ya sabemos para confirmar que no estamos donde queremos.

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