¿Por qué murió el periodismo y qué viene después?

Según la Real Academia Española el periodismo es la “actividad profesional que consiste en la obtención, tratamiento, interpretación y difusión de informaciones a través de cualquier medio escrito, oral, visual o gráfico”. Por otro lado, “El propósito principal del periodismo es dar a los ciudadanos información veraz y oportuna para hacer valer sus derechos ante la sociedad, además, mayormente es utilizada por los medios de comunicación para transmitir noticias, opiniones o críticas que enriquezcan al público”.

Bueno, algo pasó. Entre esa definición y lo que vemos hoy en día en medios tradicionales de papel, digitales, televisión y redes, hubo un cataclismo. Los medios son empresas que persiguen dinero, los periodistas son empleados de esas empresas contratados para hacer lo que sea necesario para mantener la atención de una audiencia cada vez menos crítica y más pasiva a la hora de incorporar conocimiento. La industria del entretenimiento le ganó a la verdad y ya nadie busca saber los hechos detrás de la palabras.

En el año 2010 empecé a trabajar en una empresa de tecnología que comercializaba el sistema que usaban las redacciones de los medios digitales para subir el contenido que publicaban en sus portales. Trabajé por más de 15 años y tuve la oportunidad de conocer, muy desde adentro, el funcionamiento de los generadores de opinión. Creo que miedo es una linda palabra, por sonoridad, por su simpleza, por lo que implica y porque es corta. Bueno, miedo es lo que uno siente cuando entiende cómo funciona el mundo de las opiniones.

Lo primero que me llamó la atención fue que todos los medios de comunicación usaban las mismas fuentes de información, las famosas agencias de noticias. El uso era muy simple: las agencias comparten información, los medios toman esa información, la vuelcan en el sistema que usan para actualizar sus portales, le modifican lo que necesitan para que la información cumpla con la línea editorial y la publican. Las agencias son un servicio pago que brinda texto y los contenidos multimedia que lo acompañan (imágenes y videos). Más del 50% de las noticias de los medios en ese entonces, eran de agencia. El resto era invento, o peor.

Muchos medios que no tenían el presupuesto o las ganas de contratar agencias, usaban otros medios como agencias gratis. Es decir, tomaban el contenido ya editado y filtrado de un medio que había editado y filtrado el contenido de una agencia de noticias para generar el contenido que publicaban como cierto y también como original. Lo más interesante es que por el funcionamiento natural de los algoritmos, muchas veces, la noticia que mejor funcionaba, era no necesariamente la primera, original y más pura, sino la última, la más tergiversada, la menos cierta y la más corta.

Yo hacía el ejercicio de leer la noticia original y luego buscaba en los 5 periódicos más importantes de mi país para ver cuál había sido el resultado de la edición particular de cada medio sobre exactamente la misma información de base. Por supuesto que algunos no publicaban nada, otros publicaban poco y casi todos decían de más. Y ahí dije, esto está mal, acá algo se rompió. Pero es mucho más perverso.

Recuerdo cuando mi viejo me hablaba de los periodistas de su época, gente de honor que narraba los hechos con la verdad como premisa. Reporteros con capacidad de interrogación que buscaban la verdad a toda costa. Periodismo de investigación, al margen de los ideales políticos de un lado o del otro de la historia. Los medios tradicionales tenían algo de lo que hoy carecen: respeto.

En algún lugar de la historia reciente, los grandes narradores de la verdad, los incubadores de ideas, vendieron su honor a cambio de poder, dinero o ambas. Los medios ya no buscan la verdad, buscan ganar dinero como único fin. Y para eso están dispuestos a lo que sea. Hay un mercado de pases de periodistas en donde el que más audiencia genera, gana los mejores contratos porque todo tiene que ver con la cantidad de gente que los sigue. Son influencers de noticias y lo que necesitan es entretener sin importar el contenido que ofrecen. Porque lo que vale es el tiempo de las personas.

He visto cientos de medios crecer a costa de generar noticias falsas, incompletas, absolutamente tergiversadas o simplemente publicando contenido superficial que sólo busca llamar la atención con títulos que no terminan de decir nada y que prometen algún material multimedia que no existe. Los grandes distribuidores de estos contenidos, Google, Microsoft y Facebook se encargan de hacer llegar esas noticias a audiencias cada vez más grandes y consolidadas.

Cuando las redes tomaron el centro de la escena, la cosa cambió un poco. La gente dejó de seguir medios para seguir a determinados personajes que trabajaban en medios pero que también generaban su propio contenido en redes. Y aparecieron los desconocidos: gente común que sin ser periodistas o tener carreras en medios, hablaban en lenguaje informal con un tono menos dramático y, sobre todo, más cierto. Twitter le dio el tiro final a la narrativa periodística con su primera versión de 140 caracteres. El 95% de las noticias, se puede contar con 140 caracteres. Todo lo demás, es adorno.

La política y su natural corrupción, terminaron de enturbiar las aguas ya poco limpias de los ríos informativos. Todo se compra: noticias, entrevistas, influencers. La propaganda es tanta y es tan violenta en términos ideológicos, que ya nada puede considerarse cierto. Todo es, al menos, dudoso. Todos tienen un jefe que les dice qué hacer y todos cobran un sueldo por hacer lo que les dicen. ¿Cómo pudimos pensar que un periodista, empleado de un medio, que cobra un sueldo por ejercer su personaje, que responde a intereses mucho más oscuros que su propio ego, puede decir siempre la verdad?

Y entonces llegó la generación de contenido por IA y todo se terminó de destruir. Cuando hace unos años aparecieron los primeros proyectos de automatización de contenidos pensé que lo poco que quedaba de seriedad en los medios de información, había muerto. Y era cierto. Hoy es posible generar contenido informativo 100% con inteligencia artificial, sin intervención alguna de humanos, más allá de los que definen las estrategias editoriales que alimentan los modelos de generación de lenguaje.

¿Entonces? ¿Qué leemos? ¿Dónde nos informamos? ¿Para qué nos informamos? ¿Qué sentido tiene leer noticias que sabemos perfectamente que no son ciertas o al menos que no son del todo ciertas? Todo lo que existe en medios tradicionales, redes, canales de streaming, televisión, etc. tiene un objetivo concreto, específico y simple: obtener el mayor tiempo posible de las audiencias y la mayor cantidad de información de esas audiencias. ¿Por qué? Porque en base a esa información funciona la publicidad, que en el fondo de todo este cuento, es lo que mueve el mundo de las noticias.

La manipulación de la verdad ha tenido casos extremos a lo largo de nuestra breve historia. Se han cambiado presidentes por Twitter (no me acostumbro a decirle X). El fenómeno Javier Milei, en Argentina, comenzó en redes, nadie supo cómo frenarlo y creo que todavía nadie entiende del todo qué pasó o cómo un fulano que sólo decía barbaridades en la televisión llegó a la presidencia de un país. Parece que, al final de cuentas, decir la verdad es un poco más poderoso que decir cosas lindas que no tienen sentido o que no dicen absolutamente nada concreto. El periodismo perdió credibilidad y respeto. Hay un movimiento cada vez más fuerte de personajes que invaden el centro de la historia sin tener experiencia, ni presupuesto, ni dinero ilimitado de la política o de empresas privadas con intenciones claras y bastante oscuras. Las nuevas generaciones empiezan a entender que la información siempre es manipulada por los medios de comunicación y el acceso cada vez más fácil a las fuentes reales (si es que eso acaso existe) hace que ya no sea tan fácil engañar.

Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todos, todo el tiempo.

Abraham Lincoln