Buscador de silencios

“No llores por los muertos. Saben lo que hacen.”

— Clarice Lispector,  La hora de la estrella

La vida es el lugar de donde todos nos vamos. Aún así, me resulta de una crueldad inexplicable no poder escucharte.

Desde hace varios días se escucha desde casa el ruido de mar. Una tormenta de esas que destruyen todo lo que está donde no debe. Es raro salir al parque y escuchar el sonido constante de algo que está tan lejos, pero es más raro que no estés en tu propio cumpleaños. Es tanta la tristeza cuando no tiene remedio.

Cada tanto repaso recuerdos para tenerlos frescos, como si tener algo a mano me hiciera el dolor más suave. Alguna frase, situaciones que me dejaron alguna enseñanza que quizá ni te enteraste. Pero a mí me hace bien pensar que si yo te recuerdo bien, entonces tu vida tuvo sentido.

Se viven tiempos raros. No te hubieran gustado. Cada vez hay menos pausas. Las semanas pasan como piedras que ruedan sin llegar a ningún lado. Se acumulan en el fondo de un barranco sin alma que apenas tiene el color de las cosas que se desean. Todo se llena de sonidos que no dicen, de personas que no escuchan, de cosas que nadie quiere.

Quedan pocos lugares de esos que te gustaba contemplar. Viajo en moto con la firme añoranza de encontrarlos y decir: acá está, este es un lugar importante. Pero cada vez me cuesta más. También estoy cambiando yo y no sé si me gusta. Vos me hubieras dicho que está bien, pero porque yo te lo hubiese contado de tal forma que sonara más lindo, pero no es cierto.

Hay mucho dolor en tantas manos. Hay tanta palabra que hace falta y no se dice. La gente va sin amor a todos lados. Dejan pasar el tiempo, se extrañan con los ojos cerrados. El aire tiene tantos recuerdos de otros tiempos que ya no sabemos qué se respira cuando se siente.

Ojalá encontremos entre todos una forma sutil de aprender a esperar la muerte. La vida es otra de esas ilusiones que nos dijeron que valía la pena. Cada montaña que veo, cada río que escucho, cada atardecer en el viento pienso que nada de todo esto tiene sentido. Se aprende a dejar de existir tan de a poco que llegamos todos sin saber qué hacer.

Tu voz tenía una cadencia simple. No sabías lo que sentías pero uno se daba cuenta. No tenías que explicar las cosas. Tu forma de mirar el mundo contaba las razones de las historias que contabas para enseñar lo que ni vos sabías que sabías. Y era también una forma noble de mostrar las respuestas. Pero las repuestas no son lo que importa. Eso se busca, alguien siempre dice que sabe. Las preguntas son lo que cambian la historia.

Hace poco escuché que la vida no se gana, se recibe. Como mucho se agradece. Pero la muerte es otra cosa. Hay que ganarla. Me vas a decir que hay muertes que no tienen ningún sentido y no tengo ningún argumento para discutir, pero si me pongo a pensar en tu vida, tu muerte mostró tanto como pudo. No sé si lo entendimos todo, pero muchos nos hicimos muchas preguntas.

Jamás sabré si estas que me hago ahora son consecuencia de ese aprendizaje, pero tener presente la duda te mantiene despierto, atento. La duda es casi todo. Es la base de la pregunta que te saca de la comodidad de una permanencia innecesaria. En materia de vivir, no se puede llegar antes. O algo así decía la frase que me gustaba repetirte cuando no sabía qué venía después.

Arriesgarse es un acto poético en estos días de poca fe en todo. Los caminos con sentido se dividen cada vez más cerca del lugar de partida y a nadie le importa demasiado dónde van las autopistas del placer. Por el momento, el silencio es el lugar donde te encuentro cada vez que me duele lo cierto de tu poca presencia física. El ruido me aleja de todo lo que me gusta. Me confunde a niveles que no puedo explicar. La falta de sonido detiene la tristeza, la lentifica.

No me quedaron cosas importantes que decirte. Últimamente tampoco creo que haya tenido demasiadas cosas importantes que decir en mi vida. Tampoco me la ando tomando muy en serio si te soy sincero. Me parece que nos hicieron creer que somos más de lo que somos y que merecemos más de lo que existe. Cada tanto me repito que ser un buen tipo es más que suficiente y que aspirar a más que eso te lleva a un lugar de mucha soledad interior.

Yo seguiré buscando lugares vacíos de todo. Donde el silencio del viento me lleve de un tirón suave a un lugar muy alto donde pueda estirar las piernas. Donde un atardecer de invierno me conmueva lo suficiente para saber que estás sentado al otro lado de la muerte. Para conversar un poco de las cosas que suceden. Para saber que estás bien. Para que veas los caminos que vengo tomando y con quién los ando. Para que me digas si el amor que doy es sincero. Para que me corrijas si es necesario y para que tu mano en el hombro sea el faro que guíe mis pasos en los templos de la noche.